El señor que fuma un oloroso tabaco liberando su esencia más taína. El borrachín que desafía todas las leyes conocidas del movimiento y se bebe un «buche» de su botella de Jhonnie Walker. La señora con la nariz respingada que parece oler mierda en todas direcciones y mira prejuiciosa en derredor. Los niños a los que ya se les hizo tarde para la escuela. El muchacho con ínfulas de DJ que ofrece a todos su estrambótica música de letras poco hechas.

La joven pareja que sin ningún pudor se besa apasionadamente, atrapada en una marea constante de cuerpos audifonados. La muchacha con el piercing en el labio inferior a la que le corren las gotas de sudor entre los senos, y febrilmente alivia su acaloramiento con un abanico desde el cual el Papa Francisco saluda con la palma de la mano extendida hacia el frente. 

Un bebé y su sonrisa desdentada se roban el protagonismo: —¡Qué Yemayá lo bendiga!—, exclama una iyawó.

Entran por la puerta del medio dos embarazadas buscando sus asientos amarillos. Pasa raudo hacia el «acordeón» un «temba», apoyando su hombro izquierdo en una muleta. Estoico se sostiene del pasamano que puede encontrar. No tiene intención de sentarse.

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Foto: Yoandry Avila

Mujeres de pie, hombres sentados. Un frenazo, un empujón, una discusión encendida, una persona le recuerda a otra el amor materno, esa otra responde con igual vehemencia; se ensalzan entonces en una ardiente contienda verbal: partes pudendas (montes de Venus, clítoris y falos) salen a relucir. Sube en intensidad la disputa.

Risas, muchas risas. Alguien suelta un suspiro, pone los ojos en blanco y se resigna a ser otro trazo en tan surrealista lienzo. ¿Llegará la sangre al río?; tal vez, quizás, puede ser, a lo mejor, probablemente  no; con certeza en lo más álgido de la procaz batalla, antes que se ventile algún otro sórdido desliz progenitor, uno de los dos contrincantes llegará a su destino.

Una mirada «atravesada» busca un posible blanco; otra, cargada de oscuras y evidentes intenciones se cruza con un rostro enrojecido e incapaz de devolverle el sádico reto; una tercera, con visión de rayos x, retrata cada pequeño detalle de la exuberante anatomía femenina que tiene cerca.

Gente que corre… Se detiene varios metros antes o después de la parada, o simplemente no lo hace. Gente que sigue corriendo…  En la acera los futuros pasajeros rezan para alumbrar la sensibilidad del chofer. No tuvieron suerte, la dejó en casa. Gente que continúa corriendo a sabiendas de que no la alcanzarán…

Milagro consumado, una abuela casi octogenaria vence la distancia y alcanza el último resquicio de la tercera puerta. Desde adentro una mujer de pelo rojo la sostiene por la muñeca. Es imposible pasar.

Amigos en el viaje. Una sonrisa, un beso, un abrazo, un «qué bolá», una conversación esperada.

… Otra mañana en la guagua.

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Foto: Yoandry Avila

Entonces declinan los rayos solares, y para muchos se rompe nuevamente la inercia.

Por la última puerta las cubetas de sancocho con los poco apetecibles residuos de almuerzos de centros laborales. La «perturbada» y su fiel lazarillo que recogen latas de refresco y de cerveza en el Malecón.

La doctora con la bata blanca en la mano que regresa de su guardia en el hospital y de sus más de tres operaciones. El teniente coronel del Minint, los agentes del Cuerpo de Vigilancia y Protección (CVP).

Los universitarios desinhibidos que parlotean sobre la jornada recién concluida, acerca de los planes para el próximo fin de semana, la última conquista amorosa, del bar de moda o si la enajenación de los obreros a la que se refería Marx en sus manuscritos económicos–filosóficos, también se aplica a los trabajadores de los negocios por cuenta propia en Cuba.

Y más tarde…

Los trasnochadores y noctámbulos. Los rezagados de la discoteca. Los frikis de la calle G.

Los habitantes de esa otra ciudad que perviven en la madrugada, y viajan a plantar sus banderas en los pequeños feudos de tolerancia que pululan en algunas esquinas, parques y avenidas.

… Otra, otra, otra… Otra noche en la guagua.

Fecha: 24 de Octubre de 2016

(Tomado de Alma Mater)

guagua

Ilustración de ALEJ&RO

 

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2 thoughts on “Otra jornada…

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