A ratos, desinhibida y sin ofrecer resistencia pasa de mano en mano. Ellos saborean sus sensuales curvas, palpan con suaves roces la trigueñez de su piel y la hacen vibrar.

Cada cambio supone un compromiso. Han venido de todas partes a sucumbir al placer de tocar su cuerpo y ofrecerse a ella en una eterna entrega de sumisión y sometimiento.

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Foto: Yoandry Avila

Ellos, juglares de la vida, toman sin  contemplaciones ni pudores vacuos su feminidad, y en febril trance la hacen suya; las consideraciones quedaron en casa, manos de hombres despeinan públicamente sus cabellos en una simultánea cadencia de lentas y bruscas danzas.

Ella se entrega, ríe, llora, encanta.

Desde mi posición de espectador me pregunto, -¿Siempre estará dispuesta a ser tocada?-. Mística, etérea y melodiosa su voz de cristalinos arpegios retumba en mis oídos en positiva respuesta a la interrogante planteada.

 Hoy has reinado: no como consorte, como una diosa que regala destellos de desdibujadas utopías; ellos, simples trovadores, han demostrado que no pueden vivir sin ti, maravillosa guitarra.

 

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