Si Brenda del Cristo Liranza no hubiera nacido en “El Pequeño Japón”, como se le conoce a Guanajay en la provincia cubana de Artemisa entre quienes practican el judo en Cuba, tal vez su vida fuera un poco distinta, y seguramente no sería judoca.

Brenda es risueña y jovial. Mientras conversó sus ojos se encendieron con esa llama que habita en las personas que disfrutan realmente lo que hacen.

De estatura pequeña, no escatimó sonrisas. Habló fluido y tajante, con una madurez casi paradójica. Llegó a esta entrevista acompañada de una legión de amigas, que interrumpieron su matutino paseo dominical por el parque del pueblo para encontrarse con “el periodista”.

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La joven de 15 años cursa el onceno grado en la Escuela de Iniciación Deportiva (Eide) Julito Díaz de Artemisa; comenzó a practicar el judo en el cuarto grado, y obtuvo oro individual y por equipo en los juegos escolares y juveniles realizados en 2016.

“Recuerdo que los profesores fueron a mi escuela buscando niñas interesadas en este arte marcial. Yo enseguida levanté la mano. Quería salir inmediatamente del aula e ir hasta donde estaban los profes”, compartió.

La adolescente desestimó los comentarios de algunas personas que decían que ese deporte “daba cuerpo de macho” y se fue al tatami; un aliciente particular la acompañó: su madre, de joven, defendió la tradición guanajayense, e hizo también del judo su pasión.

Tras mucho esfuerzo, rigor, práctica y disciplina, Brenda mostró resultados que le valieron un pase en el séptimo grado a la Eide provincial; ya en el plantel especializado participó activamente en eventos, copas y campeonatos.

“La primera vez que salí a una competencia deportiva fuera de la provincia fui a Santiago de Cuba. Yo estaba un poco asustada, todas las niñas que me acompañaban eran mayores, y yo tan pequeñita.

“A la hora de enfrentarme a mi rival, la miré con un poco de miedo, pero en cuanto me subí al colchón, la confianza llegó poco a poco. Obtuve un tercer lugar en la competición, un resultado aceptable”, manifestó.

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Brenda con resultados tras una de sus primeras competiciones. 

Cuenta la joven deportista, cuyo día normal en la Julito Díaz arranca a las 6:00 de la mañana: “Bien tempranito voy para el docente; luego de la jornada de clases, la práctica deportiva”.

“La exigencia es importante, para ser un gran atleta hay que ser un estudiante aplicado, aquí nos demandan combinar ambas cosas”, afirmó.

Brenda no tiene una técnica favorita, todas le han dado resultados; prefiere atacar primero para que “no le roben la iniciativa”.

Al subirse al tatami desarrolla siempre un ritual casi religioso: muestra sus respetos al colchón y luego a su rival.

A la hora del combate, respira, escucha con atención los consejos de su entrenador; trata de no dejarse llevar por la euforia del momento, y de aplicar la técnica que mejor convenga para agenciarse la victoria.

Su sueño más grande es integrar el equipo nacional y representar a Cuba en unos Juegos Olímpicos, y otros certámenes internacionales.“Me gustaría ser como Idalys Ortiz”, confesó.

Y entonces la llama de sus ojos creció inconmensurable; un encantamiento infinito envolvió el entorno, y entrevistada, entrevistador y público acompañante despertaron en Londres 2012.

Allí Brenda-Idalys o Idalys-Brenda en un kimono blanco parecen mirar absortas la multitud asistente al Centro de Exposiciones ExCel en la capital inglesa, donde se discutirá la medalla de oro en la categoría de + 78 kg; de azul, su contrincante la japonesa Mika Sugimoto no será una presa fácil.

Una voz en flemático inglés pronuncia – From Cuba -, y ambas en un mismo cuerpo suben al tatami a “luchar” y entregarlo todo: once millones de compatriotas esperan en vilo y suspense el triunfo.

Los minutos van pasando; su entrenador Ronaldo Veitía les ofrece indicaciones; ellas han llevado la iniciativa en el ataque; varias veces su adversaria ha tratado de proyectarlas, ellas se han repuesto con prontitud; y finalmente, por decisión unánime de los jueces, tras unos intensos 480 segundos de pelea, la árbitro levanta la bandera blanca que las declara campeonas.

El embrujo se rompe y Londres 2012 se desvanece. Atrás quedan Brenda–Idalys o Idalys-Brenda habitando un mismo ser que sostiene la bandera de la estrella solitaria sobre su espalda, a juego con los colores de las trenzas que adornan su cabello; ya nuevamente en Guanajay, a la joven judoca le queda claro que como su ídolo, ella también brillará bajo los cinco aros.

Pero, si Brenda no llega a alcanzar un título olímpico como Idalys, si se da el caso, y la gloria no le sonríe, se dedicará a la enseñanza.

“De no seguir como atleta activa, seré maestra de nuevas generaciones de deportistas o profesora de Educación física en una escuela.

“Me gusta el deporte, y esta será también una forma de retribuir, de dar continuidad a una característica que tiene “El Pequeño Japón” de dar buenas y buenos judocas”, reveló.

Por: Yoandry Avila Guera

Especial para la revista Muchacha

 

 

 

 

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