-Abuela, abuelita, dime una adivinanza, dime una adivinanza-, pedía la pequeña vestida de azul; mientras su mirada pasaba intermitentemente de la anciana que la observaba con cariño, hacia el paisaje que se le antojaba curioso del otro lado de la ventana de la guagua.

pequenas-guaguas1-Chivirico, chivirico, chivirico rico  con melao-, canturreaba su primita desde un conjunto rosado que acompañaba de dos motonetas bamboleantes y danzarinas.

-Oro parece, plata-no es; el que no lo adivine, bien tonto es-, lanzó la abuela endulzando cada sílaba con una sonrisa infinita.

-El platanito abuelita, el platanito-, respondió la niña de azul; entretanto, la de rosado, imperturbable, repetía una y otra vez el mismo estribillo de la conocida canción infantil cubana.

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